Está concluyendo el invierno y su huida da paso a la primavera, que tiene un especial significado. No sólo por el clima que se torna más agradable y la naturaleza, que se viste nuevamente de verde, sino porque además celebramos una vez más las Fiestas Patrias.
Es un momento lleno de significado y sentido de amor por nuestra nación, por la tierra que nos vio nacer. Me gusta Septiembre porque es chileno, se cubre de variados colores con los tradicionales volantines, los asados, la empanada y nuestro baile nacional “la cueca chilena”.
No es solo el verdor de los campos o los brotes floridos los que nos entusiasman sino que también los 199 años de independencia que festejamos. Alabando a Dios por la abundancia de bienes que derrama sobre toda la patria. Aquél de quien desciende todo don, al contemplar nuestra hermosa tierra la más bella del universo. Nuestras montañas, nuestros campos fértiles, nuestro cielo azul, sus recursos naturales y por su gente linda.
Como mujeres que amamos nuestra nación, tenemos una misión que cumplir ¿Cuál es esa misión? ¿Cómo puedo yo colaborar con ella?
Gran pregunta, que como mujer responsable por el bien común en la presencia del Señor queremos hacernos para engrandecer nuestra querida nación.
Como chilenas debemos cumplirla. Nuestros padres nos dieron una patria libre, a nosotras nos toca hacerla grande, bella, humana, fraternal. Si ellos fueron grandes en el campo de batalla, a nosotras nos toca serlo en el esfuerzo constructor.
Me gusta mucho un diálogo entre Dios y Salomón para tomarlo como ejemplo: Dios le ofrece al rey Salomón todo lo que él quiera pedir. Salomón lleno de prudencia le pide lo más importante, lo más necesario: dame tu sabiduría, dame tu Espíritu Santo para saber gobernar bien esta gran nación, para saber distinguir entre lo bueno y lo malo.
El Señor lo alaba por su sabia petición. El rey no le pide riquezas, ni larga vida, ni el triunfo sobre sus enemigos, pero si le pide sabiduría, para distinguir entre la luz y las tinieblas, para seguir siempre el camino correcto, de la verdad, de la justicia, del respeto a la ley de Dios y del respeto a la dignidad humana.
El es la roca segura para construir un Chile que soñamos y que también podemos decir, nos merecemos como “la copia feliz del Edén”. El amor a Chile es, también, amor y cuidado de esta tierra: bosques, ríos, glaciares, desiertos y un océano infinito. Amar nuestra nación es preservar la naturaleza que nos acoge, amar a su gente, a su pueblo.
Construyamos sobre una base segura y solida, amemos las familias, luchemos por su estabilidad, por su fortalecimiento, luchemos por defender la vida, del que está por nacer, por el anciano, del pobre y del marginado, no transformemos el amor humano en una mercadería desechable.
El compromiso nos invita a trabajar con transparencia y sin cansarnos para terminar con el odio, la violencia, la mentira, la perdida de los valores individuales, morales, sociales de los que Dios nos advierte cada día. El compromiso nos es hacerse la sorda o la ciega.
Amemos nuestra nación, Chile nos necesita para convertirse en un país de prestigio y de esperanza y lo conseguiremos en la medida que mostremos el camino de la verdad, de la solidaridad y del compromiso.
Viva Chile, viva Chile, mi Chile lindo.
Marta Martínez S.